Cuando hablábamos con los muertos | Mariana Enriquez

Cuando hablábamos con los muertos | Mariana Enriquez
Editorial Montacerdos

¿Cómo llegué hasta Mariana Enriquez? En gran parte por "culpa" del programa Entrelíneas de Radio ADN y el episodio dedicado a ella del podcast Colectivo Lem.

Algo de azar entró en juego con el primero, ya que si bien me gusta el programa, por horario casi nunca logro oírlo en vivo, así que encender la radio un sábado (¿o era domingo?) justo cuando sonaba la repetición de la transmisión de la semana y estaban a mitad de la lectura de uno de sus cuentos, fue algo totalmente fortuito. Fragmento de audiolibro, grabación promocional o realizada específicamente para ese programa, lo desconozco, pero el caso es que el efecto fue inmediato: me quedé pegada, atenta a las acciones de los personajes y la descripción de lo que había a su alrededor; con una sensación incómoda en la guata, pero queriendo más. Si más encima le agregan la discusión posterior y la lectura del fragmento de otro cuento, creo que queda claro que el interés quedó sellado. 

En cuanto al segundo, tampoco lo estaba buscando, pero supongo que encontrarme con un episodio dedicado a ella en un podcast realizado por una librería especializada en terror, fantasía y ciencia ficción, era solo cuestión de tiempo, especialmente tratándose de una preocupada de ensalzar lo latinoamericano cada vez que es menester. Tengo que decir que fue una agradable sorpresa y que no tuve ningún problema para dejarme llevar por la conversación y poner atención a los distintos títulos que iban saliendo (algo que lamentablemente no retuve muy bien del primer programa). Así de cebada, no creo que haga falta decir que la balanza se inclinó un poquito en mi siguiente excursión a una librería. Y tampoco creo que sea del todo inesperado que, a falta de uno, haya terminado comprando dos de sus libros. 

Los escogidos fueron Cuando hablábamos con los muertos y Las cosas que perdimos en el fuego. Esta entrada en concreto está dedicada solo al primero, pero ya pronto se viene otra para el segundo. Así que sin más preámbulo... Cuando hablábamos con los muertos contiene tres cuentos:
  1. Cuando hablábamos con los muertos
  2. Las cosas que perdimos en el fuego
  3. Chicos que vuelven
El primero cuenta las experiencias de un grupo de amigas de colegio aficionadas a jugar a "la copa", mejor conocida como güija, en un intento de contactar a "desaparecidos". Es un relato en primera persona, muy fluido y con un lenguaje cercano, que produce la sensación de estar frente a la persona que cuenta la historia mientras lo hace. Es como si alguna conocida de repente decidiera contar una anécdota de adolescencia. El segundo narra la historia de un grupo de mujeres que han decidido inmolarse como forma de protesta y apropiación del uso del fuego como herramienta de renacimiento en lugar de destrucción. Acá tenemos a un narrador en tercera persona que a ratos tiene cara de omnisciente y a ratos de observador; que sabe mucho, pero que elige a una sola de los personajes para mostrarnos los sucesos desde su perspectiva. Y por último, el tercero recoge lo ocurrido tras el regreso de niños y jóvenes desaparecidos que se ven exactamente igual a como lo hacían cuando desaparecieron, pero que no son ellos. En este último relato, el narrador definitivamente es observador, algo que contribuye en gran medida a transmitir y generar una sensación de confusión en quien lee: los personajes normales no entienden lo que está pasando, la protagonista, que se encarga de mantener al día los expedientes de los desaparecidos, tampoco, su amigo periodista que lleva tiempo investigando las desapariciones, nada, y el narrador todavía menos; ¿qué le queda a una como lectora?

De estos tres cuentos, no hay dos que compartan personajes ni la misma fuente aparente de terror; aun así, eso no quiere decir que no haya similitudes. Para empezar, ya fuera de manera intencional (por la autora o la editorial) o porque así quedaron en la compilación, los tres tienen a mujeres como protagonistas; de hecho, en los dos primeros se aprecia mucho la complicidad que suele darse en grupos de mujeres sin importar sus respectivas historias personales. Luego, el primero y el tercero comparten un cierto componente paranormal, aunque lo desarrollan de formas muy distintas. Pero lo más importante, a mi parecer, es el hecho de que, ya sea que estén más o menos anclados en lo que solemos entender por una realidad racional, los tres tienen en común que te fuerzan a mirar realidades cuya existencia preferirías olvidar (especialmente si eres latina): víctimas de dictaduras, femicidios y desapariciones de menores. Más allá de los eventos específicos de cada cuento, creo que es esa cuota de realidad la que termina por hacer que se sientan demasiado cerca "de casa"; porque en el fondo sabemos que hay cosas malas y que pasan, o pasaron, y que son tanto o más horribles que cualquier espanto paranormal. Y si tales cosas pasan en un mundo supuestamente civilizado y gobernado por las leyes de la lógica, ¿cuál es su verdadera diferencia con aquellas cosas que solemos tildar como irreales o monstruosas? ¿Hay realmente una diferencia?

Si no han leído los cuentos por separado, o esta compilación en concreto, es una lectura que de verdad recomiendo, especialmente si son de aquellos que gustan de este género o buscan ampliar su abanico de autores latinoamericanos. Si ya pasaron por esta experiencia lectora, entonces me encantaría comparar impresiones. Después de todo, los libros no solo son para leer, sino para compartir.

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